Saludos, habitantes de éste mi pueblo.
Me gustan los pueblos, su modo de vida, sus costumbres, su simbología. Me gusta comprobar como pervive intrínseco en sus quehaceres cotidianos, en el discurrir de ese tempo especial para todas las cosas, ese arte rural que le otorga inagotablemente, el privilegio de afrontar el paso del tiempo con la sabiduría popular heredada de nuestros mayores, de nuestros genes, de la palabra no escrita, que impregna honrosamente, como un aura protectora de la historia a modo de vigía, desde el aire puro que abanica azarosamente las entreveladas cortinas de nuestros hogares, tras acariciar sigilosamente el tosco verde aceituna del olivar cercano, como el recio tacto rugoso y desgastado de los adoquines vetustos, que soportaron tan inertes como grisáceos el avanzar paso a paso, las alpargatas, los carros, los descalzos, las herraduras, las alegrías y las tristezas que sus dueños firmemente acarreaban procurando sacar adelante sus vidas, su pueblo, sus familias.
La historia, el paso del tiempo, los aconteceres, la propia vida, sin querer empapa el marco incomparable en el que se convierte en el escenario de nuestras vidas, estos pueblos que se resisten valientemente a dejar de serlo, que se agarran a la sabiduría anciana ya a veces, para no entregar gratuitamente el orgullo soberano y poderoso que atesora el arte de saber vivir.
Unido a ese trazo distinto y diferenciador, se incorpora esa simbología tan entendida instintivamente que no necesita estudiarla, ejemplarizante, ausente de palabras, pero efectivamente reveladora.
Por eso bauticé asi este artículo, treinta monedas de plata. Su simbolgía no necesita más explicación. Todos intuimos, percibimos inequívocamente sin necesidad de mas explicación, a quien señala, de que se trata, que se trajina...
El Lunes Santo, en mi silla prestada a regañadientes en un esquinado rincón de la tribuna de La Campana, contemplo hipnotizado, con fijeza instintiva, el movimiento acompasado y cadente de esa taleguita con las treinta monedas de plata, que pende suspensoriamente del cíngulo de Judas. La miro repetitivamente, contemplo la inequívoca simbología que anudó acertadamente el prioste, para perpetuar el cobro de la traición, homenajear las luces de la historia, evocar los pasajes más sagrados y honrar el testimonio más divino.
Luego, aquí en mi Huévar, cualquier día sentado a regañadientes en un banco de la plaza, de alguna hora aburrida de cualquier día de descanso, imagino sibilinamente colgado del cinturon toscamente reagujereado, las taleguitas con 30 monedas de plata que deberían lucir algunos, o muchos, que deambulan plazaarriba plazaabajo en horario de tarde, polideportivoarriba polideportivoabajo en horario de mañana...
Algunos especialmente, que se les llenaba la boca hablando del proletariado, militantes del PCE y defensores de la clase obrera, y que transitan alegremente ahora para cambiar no una, sino todos los dias varias veces de distinta acera,para cruzar la calle mariposeando con gesto grácil y falsedad desafiante y desprendida, e intentar tapar las vergüenzas silenciosoas que les azotan ya de por vida. Sus prominentes barrigas, sus vidas acomodadas, los privilegios adquirididos, y sus familias colocadas como rastro que les delata, les persiguen a todas partes, acompañadas del cascabeleo incesante avisador, que les resuena en esa bolsita que deberían pasear, amarrada al cinto reagujereado, con sus nuevas raciones de treinta monedas de plata permanentemente recibidas. Y no tuvieron bastante con renegar de lo suyo que también trabajan duro para arrasar con lo que queda. Usaron la hoz para capar sus ideales, y utilizan el martillo de forma amenazante para defender al amo que les allanó el camino hacia la buena vida, vociferan palurda y repetidamente para callar las voces que les destapan todas sus mentiras, para escurrir el bulto y esquivar la culpa en modo de soga que escogió Judas para lavar su traición, para exculpar su desgracia acontecida.
Ellos, bien saben los que son, y les retrato así para premiar el cacareo incesante que se traen todavía, intentando silenciar el delatante sonido métalico del rechinar de la sucia plata que les financia el manejo de sus conciencias retorcidas.
Y vosotros diréis: Hay más Judas sueltos en Huévar..Es cierto, y seguro que en la otra Huévar también se mueven aunque sea a escondidas...
En este pueblo de sobras sabéis qye hay muchas taleguitas con 30 monedas de plata que penden de los cintos, y otras muchas que ahora penden de un hilo... Por eso se comportan tan nerviosos, tan desafiantes, tan ridículamente agradecidos.
Si que es verdad que hay muchos Judas sueltos por las calles, pero lo de éstos, que hoy os lanzo un órdago para simbolizar sus vaivenes, lo de estos 4 ó 5 personajes dañinos que vendieron sus ideales, incapaces por sí solos de solventar sus propias vidas, son el mejor reflejo despiadado de como nació el cancér judaico manipulador en el seno político de la vida de esta villa.
Cómo se empezó a reclutar incansablemente a mercenarios dispuestos a trincar muchas taleguitas, muchas partidas deshonrosas de 30 monedas de sucia plata traicionera y consentida. Se compraron muchas cosas, muchas vergüenzas, muchos votos, se solucionaron muchos problemas de por vida.
Pero ahora...ay amigo!!! Esa deuda no lo está pagando el sanedrín condenador inquisitorio, esa mezcla inimaginable de pseudosocialistas monetariamente reconvertidos, esa deuda acumulada de oro, plata y bronce, de billetes y monedas, de cheques, pagarés, facturas nóminas y de lo no sabido, no la están pagando ya ellos, la pagamos todos, la sufrimos día a día, sin saber muy bien cómo ha sido...
Y están sufiendo, no por sentimiento de culpa, no por consciencia arrenpentida, están sufriendo porque perciben que ahora les señalan cuando cruzan la calle todos los días, porque saben que les murmuran y les destapan las traiciones y las puñaladas espalderas, los canjes de chaqueta estrecha por culpa del crecimiento de sus barrigas agradecidas. Están sufriendo porque les hablan del Séneca, algunos lo leen y les amarga para todo el día.
Sufren porque saben QUE ROMA NO PAGA A LOS TRAIDORES, y se llama Séneca, y les asusta sentir cercano ese día...
...
Luego, aquí en mi Huévar, cualquier día sentado a regañadientes en un banco de la plaza, de alguna hora aburrida de cualquier día de descanso, imagino sibilinamente colgado del cinturon toscamente reagujereado, las taleguitas con 30 monedas de plata que deberían lucir algunos, o muchos, que deambulan plazaarriba plazaabajo en horario de tarde, polideportivoarriba polideportivoabajo en horario de mañana...
Algunos especialmente, que se les llenaba la boca hablando del proletariado, militantes del PCE y defensores de la clase obrera, y que transitan alegremente ahora para cambiar no una, sino todos los dias varias veces de distinta acera,para cruzar la calle mariposeando con gesto grácil y falsedad desafiante y desprendida, e intentar tapar las vergüenzas silenciosoas que les azotan ya de por vida. Sus prominentes barrigas, sus vidas acomodadas, los privilegios adquirididos, y sus familias colocadas como rastro que les delata, les persiguen a todas partes, acompañadas del cascabeleo incesante avisador, que les resuena en esa bolsita que deberían pasear, amarrada al cinto reagujereado, con sus nuevas raciones de treinta monedas de plata permanentemente recibidas. Y no tuvieron bastante con renegar de lo suyo que también trabajan duro para arrasar con lo que queda. Usaron la hoz para capar sus ideales, y utilizan el martillo de forma amenazante para defender al amo que les allanó el camino hacia la buena vida, vociferan palurda y repetidamente para callar las voces que les destapan todas sus mentiras, para escurrir el bulto y esquivar la culpa en modo de soga que escogió Judas para lavar su traición, para exculpar su desgracia acontecida.
Ellos, bien saben los que son, y les retrato así para premiar el cacareo incesante que se traen todavía, intentando silenciar el delatante sonido métalico del rechinar de la sucia plata que les financia el manejo de sus conciencias retorcidas.
Y vosotros diréis: Hay más Judas sueltos en Huévar..Es cierto, y seguro que en la otra Huévar también se mueven aunque sea a escondidas...
En este pueblo de sobras sabéis qye hay muchas taleguitas con 30 monedas de plata que penden de los cintos, y otras muchas que ahora penden de un hilo... Por eso se comportan tan nerviosos, tan desafiantes, tan ridículamente agradecidos.
Si que es verdad que hay muchos Judas sueltos por las calles, pero lo de éstos, que hoy os lanzo un órdago para simbolizar sus vaivenes, lo de estos 4 ó 5 personajes dañinos que vendieron sus ideales, incapaces por sí solos de solventar sus propias vidas, son el mejor reflejo despiadado de como nació el cancér judaico manipulador en el seno político de la vida de esta villa.
Cómo se empezó a reclutar incansablemente a mercenarios dispuestos a trincar muchas taleguitas, muchas partidas deshonrosas de 30 monedas de sucia plata traicionera y consentida. Se compraron muchas cosas, muchas vergüenzas, muchos votos, se solucionaron muchos problemas de por vida.
Pero ahora...ay amigo!!! Esa deuda no lo está pagando el sanedrín condenador inquisitorio, esa mezcla inimaginable de pseudosocialistas monetariamente reconvertidos, esa deuda acumulada de oro, plata y bronce, de billetes y monedas, de cheques, pagarés, facturas nóminas y de lo no sabido, no la están pagando ya ellos, la pagamos todos, la sufrimos día a día, sin saber muy bien cómo ha sido...
Y están sufiendo, no por sentimiento de culpa, no por consciencia arrenpentida, están sufriendo porque perciben que ahora les señalan cuando cruzan la calle todos los días, porque saben que les murmuran y les destapan las traiciones y las puñaladas espalderas, los canjes de chaqueta estrecha por culpa del crecimiento de sus barrigas agradecidas. Están sufriendo porque les hablan del Séneca, algunos lo leen y les amarga para todo el día.
Sufren porque saben QUE ROMA NO PAGA A LOS TRAIDORES, y se llama Séneca, y les asusta sentir cercano ese día...
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